Mucha controversia se ha generado sobre la secuela “Lightyear” de Toy Story que fue censurada en 14 países de Medio Oriente y Asia, por una escena que contraviene sus normas y principios por incluir un beso lésbico.

En algunas religiones, familias y mentes, subsiste la creencia de que esa escena puede ser una influencia inadecuada para niños aún sin suficientes elementos para entender la compleja sexualidad de los seres humanos, y por ende, generar a través de la duda estímulos que no consideran apropiados en los menores de edad.

Empiezo por señalar mi más profundo respeto por la forma de pensar y en especial por las creencias religiosas de toda persona en México y en el mundo, con la única frontera que la legalidad y los derechos humanos imponen.

Pero puedo disentir de ellos, aun en un México plural, diverso y heterogéneo. En mi familia ha sido práctica común ver episodios de una serie llamada “Modern Family” en la que hay un matrimonio de 2 hombres que adoptan un par de hijos.

La presencia de Mitchell Pritchett y Cameron Tucker por supuesto que ha cambiado la forma de ver nuestra sociedad hoy día, nos ha enseñado a vencer estereotipos y prejuicios, muchas veces basados en ignorancia y falta de interacción con familias de la diversidad.

Nadie puede minimizar ni negar el impacto que la incorporación de nuevos personajes puede causar en nuestra sociedad y por ende, en nosotros mismos. El cine debe, entre muchas otras cosas, provocar a la reflexión.

Recuerdo el impacto en la sociedad en 1997 por “Mirada de Mujer” con Ari Telch y Angélica Aragón, la primera telenovela donde una mujer comete adulterio con un hombre mucho menor que ella; o la telenovela “Quinceañera” que mucho antes, en 1987, conmocionó a los jóvenes por sus contenidos más atrevidos, pues era la primera vez que se exhibía en la televisión y en horario familiar, adolescentes en ropa interior.

La visión de mi país y su sociedad no pudo ser igual después de esas telenovelas o después de películas como “Los Acusados” con Jodie Foster en 1988 o “Filadelfia” en 1993 o “El Secreto en la Montaña” en 2005, o “El Club de los Desahuciados” en 2013.

Algunos dirán que dichas películas las vi a una edad en la que ya tenía la madurez y/o la información necesaria para formarme una opinión de los hechos, pero también es una realidad que en nada cambiaron mis preferencias o conductas sexuales, aunque sí mi sensibilidad respecto de las distintas realidades de nuestro mundo contemporáneo. Porque la realidad es que la diversidad existe, con o sin escenas lésbicas en una película animada.

No se trata de conductas ajenas el entorno diario en el que los menores de edad viven día con día, ni de conductas vinculadas con el pleno desarrollo de la sexualidad humana, sino de reconocer que en nuestro mundo existen ya de forma cotidiana y habitual relaciones de personas del mismo sexo en los cines, en los restaurantes, en los gimnasios, en las universidades, en los parques… en la vida.

Dicha escena, que aún no he visto, pero sin duda algún día veré en una sala de cine en compañía de mis hijas, en NADA les podrá impactar con una conducta jamás antes vista por ellas, ya sea aquí en México o en otro país, incluso en otra película o serie, pues sigue tratándose de una historia infantil y no de contenidos restringidos por escenas eróticas o sexuales.

Debemos abrazar la diversidad como parte de nuestra sociedad, formemos o no parte de ella. Tenemos que aprender a convivir todos con respeto mutuo sin juzgar a priori una película por una escena nimia, pues hacerlo implicaría salir a la calle con un tapa-ojos, en un país y una sociedad que YA CAMBIÓ.